Federico García Lorca: Carta a su familia
De García Lorca, Federico a Lorca Romero, Vicenta
1 de agosto de 1917 · Burgos
Epistolario de Federico García Lorca (ed. Christopher Maurer) · Archivo Residencia de Estudiantes
Real Monasterio de Sto Domingo de Silos., Prov. de Burgos
Querido padres:
Por el papel ya sabréis dónde esparzo mis letras... estoy aquí más contento que nunca lo he estado y no porque estos frailes den bien de comer (que dan muy humilde y frugal), sino por la grandiosidad artística de sus claustros y patios, y por el sitio en que está situado... Lo cercan sierras altísimas llenas de encinas y enebros con aguas riquísimas y una tranquilidad maravillosa. Esto es tan grande que te puedes ceer, mamá, que hace unos minutos salí a una necesidad de mi celda y me perdí entre los pasillos y las escaleras, y todo esto sin luz... bueno, pues de pronto por una puerta vi luz, me asomé y me llevé un susto morrocotudo porque se me vino encima un San Benito abad que tiene más del tamaño natural... y así entre sombras he caminado unos momentos hasta que un monje de estos me encontró y me guió a la celda de don Martín [Domínguez Berrueta], que todavía se está riendo... Los frailes son muy finos, hay dos que tiene muy buena sombra y que cantan y tocan divinamente... Anteayer entramos en la clausura de la Huelgas con permiso del Nuncio, un monasterio fundado por Alfonso VIII el llamado de las Navas de Tolosa, cuyas banderas y sepulcro están aquí. En los claustros está el antiguo panteón real, enorme de interesante, y en el cual El Escorial es una zapatilla al lado de su arte y su solemnidad. La abadesa, que usa mitra y báculo, para hacernos honores y pleitesía nos sentó uno por uno con el báculo en la mano en la silla prioral. Es una de las escenas más hermosas y más serias que yo he presenciado en mi vida. Cuando yo me senté me dijo "¿Tiene usted padres?" "Sí, señora," le respondí, y entonces ella, moviendo la cabeza, me habló: "que Dios se los conserve siempre, si no en cuerpo, en alma... y ojala que no crecierais más para que tantas risas de vuestra juventud no las vierais trocarse en llanto desconsolador..." Podéis creeros de verdad que me conmovió muchísimo, así como todas aquellas hermosuras de pensamientos que dijo a los demás... Todas ellas vestían de blanco y como estuvimos con todas muchas veces vi escenas como de Canción de cuna.... Parecían niñas hablando de buenas... y como había algunas guapísimas se dejaron retratar a hurtadillas de las viejas gruñonas que no quieren quebrantar la orden... Pero ellas, rojas como rosas [de] mayo, se ponían detrás de las columnas negras de risa y entonces nosotros, ¡zas!, las fotografiamos... Mamá, [había] una viejecita buena e inocente que se creía que la íbamos a sacar ¡con el trípode...! Ya os contaré más detenidamente; ahora sólo os digo que he llegado aquí esta tarde y que pienso ver muchas cosas notables. Habréis recibido un pediódico de Burgos en que mandé un artículo y les gustó tanto que le dieron el puesto de honor del periódico, o sea el fondo. Esta noche habrá salido otro, y otros muchos que pienso publicar en este periódico, que es el mejor de Burgos y en periódicos de Madrid para los cuales estoy haciendo un estudio de las Huelgas... Me han felicitado muchísimo todas las personas amigas de Don Martín y como habréis visto que es algo atrevidillo de ideas anoche me felicitó el jefe de los radicales de aquí, que es un buen literato... por cierto, que nos reímos muchísimo después. Que me escribáis a Burgos porque aquí no estamos nada más que tres días... Ahora mismo la campana del monasterio toca a silencio. Mi celda da a un soberbio patio antiguo en el que hay una fuente y mucha luna... Por la puerta siento los pasos de los religiosos que van ahora a la iglesia... Ya no me tengo de sueño, estoy rendido de tanto coche y automóvil para llegar aquí... Papá, si vieras qué trigos más pobres... Oye, mamá me han dejado, por si me da hambre, almíbar de fresa... ¡Qué rico! Prima María, ¡mostaca! ¡moscata!
Recuerdos a todos, besos a mis hermanos y para vosotros un millón de besos de vuestro
Federico
Ahora empieza el majestuoso tremendo canto gregoriano